Érase una vez… en una “toilette”

contacto swinger en un bar

Érase una vez… en una “toilette”

Ambiente liberal   |   No comment

Y digo “toilette”, porque es más fino… 😉

Soltera desde hace ya varios meses, me pregunté hace dos semanas porqué no intentar la experiencia swinger. Busqué por internet y, finalmente, me decidí por la red social swinger wyylde.com, aunque fue bastante difícil elegir entre las tantas que hay. En fin, una vez inscrita y rellenado mi perfil con texto y fotos, busco, investigo, y sin tener que entretenerme demasiado, ya aparecen mensajes de chats de chicos solos. Me quedé con uno que, tras ver su perfil, me pareció interesante. Chateamos un poco, me convenció y quedamos para tomar algo el sábado. Me pareció todo demasiado rápido, pero… ¿por qué no?… me lancé al ruedo. Al fin al cabo, es por esto que me apunté a la web.

 

El día de la cita, me estaba esperando en la puerta de un bar de copas del centro de Madrid, agradable y seguro puesto que conozco a los dueños. El chico era atractivo e iba vestido elegantemente. Esto ya era un plus para mí. Charlamos, me hizo reír (importante para una mujer) y tras varias copas, tuve que ir al baño. Era bastante espacioso y sobre todo limpio. Hice mis necesidades, me lavé las manos y, sobre la marcha, retoqué también mi maquillaje.

 

Entonces…
De repente la puerta se abre. Es él. Entra y cierra la puerta con el cerrojo y se acerca hacia mí. Me agarra el pelo, me reduce contra la pila y empieza a morrearme. Sus labios, su lengua cálida y húmeda… hacía tanto tiempo que no sentía esta sensación que mis pezones se volvieron firmes y mi coño se mojó enseguida. Me levanta y me sienta sobre el borde del lavabo, abre mis piernas para situarse en medio de ellas sin separar sus labios de los míos. Literalmente me come a besos y no quiero que pare. Sus manos recorren todo mi cuerpo, me saca los pechos de mi escote y empieza a lamérmelos mientras una de sus manos se introduce por debajo de mi faldita para ir a acariciar mi clítoris a través del tanga. Me mojo como una estudiante que descubre el sexo por primera vez.

 

Me agarra por las nalgas y abandona mis labios para ir bajando lentamente hacia mi pubis. Me parece una eternidad. Finalmente llega. Me come el coño y suavemente me penetra con un dedo, y después dos. ¡Ummm! ¡Qué bueno! De repente, se para en seco. ¿Por qué? Era tan maravilloso y me hubiera gustado tanto correrme ya. Me agarra por el hombro y me gira obligándome a situar las manos por encima de la pila. Levanta mi falda y vuelve a empezar las caricias y su lengua recorre otra vez nalgas y coño.

 

Al cabo de unos minutos, oigo el sonido de la bolsita de preservativos y de su bragueta. Siento la dureza de su miembro entre mis nalgas. Sus gemidos invaden mi nuca, sus dedos empiezan a preparar mi pequeño agujero ya chorreando y, finalmente, me penetra hasta el fondo mientras sus dedos continúan tocándome el clítoris y la otra mano mis pechos. Ya no puedo más. ¡Es tan excitante follar así en los lavabos de un bar con un desconocido! El vaivén se hacen siempre más intenso y más profundo, una fiesta para los sentidos. Los dos estamos tan apasionados, y al mismo tiempo tan excitados por la transgresión de estar en un lavabo, que la explosión no se hace esperar demasiado. Menos mal que la música sirve para ensordecer mis gemidos… y los suyos.

 

Después, tranquilamente volvimos a nuestra mesa como si nada hubiera pasado.

 

No sé si habéis experimentado una situación como ésta. Fue una agradable casualidad que nadie quiso ir al lavabo mientras nosotros estábamos en pleno zarandeo. Un gran golpe de suerte… que me gustaría repetir… con otro desconocido.

 

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