¿Todavía tenemos una visión falocéntrica del mundo?

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¿Todavía tenemos una visión falocéntrica del mundo?

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Pues, parece que sí y lo más grave es que sucede en el ambiente liberal.

Se podría hablar del tema con muchos ejemplos.

 

Para empezar podéis dar una ojeada a las fotos que los chicos solos presentan en su perfil en las webs de encuentros. Pero hoy lo que pretendía era contaros una experiencia que viví el sábado pasado cuando, por la tarde, fui a un club muy conocido en Barcelona que deja acceso libre por todos los espacios a los chicos solos.

 

Debo decir que esto me gusta. Me gusta la libertad de movimiento para todos y, a mi personalmente, me facilita mucho el contactar con los chicos. Pero concretamente en esta ocasión no parecía muy fácil. Los chicos iban de un lado a otro a tal velocidad que dificultaba ese momento de proximidad que da pie a acercarse y darse pistas entre uno y otro de que podemos empezar un juego.

 

Pues allí estaba yo intentando evitar el frío momento de la pregunta aquella de “¿follamos?” y, con este propósito me iban pasando las horas tontamente. Entonces pensé ponerme más a tiro en vez de seguir quejándome. Lo que hice fue sentarme en la cama grande para demostrar mi predisposición. Efectivamente tuvo su efecto, porque enseguida se me acercó un chico detrás de mi y de pie. Noté su polla encima de mi hombro y yo me restregué con la cabeza para dar señal de “acepto” y también para empezar el juego de darse placer mutuo. Curiosamente, y de ahí el motivo del relato, el chico no respondió con ninguna caricia ni acercamiento excepto el de dar golpecitos con su polla en mi hombro que parecía decir: “aquí está el hombre, el falo! …que es lo que deseas no? O la otra versión de “yo he venido pensando en mi polla y lo que quiero es que me la toquen, que me la chupen…”

 

¿Conquistar un poco a la mujer con algún acercamiento? No parecía estar en sus planes. Se agrava el tema cuando otro dos chicos se me acercan por delante con la polla en la mano a la altura perfecta de mi boca. Es ahí cuando decido que no vale la pena, para mi, el juego sexual que se me propone. No he venido a dar placer sin recibir, como es lógico, ni a que me propongan un juego sin que yo pueda decidir nada. ¡Creía que la época falocéntrica había terminado!

 

También es verdad que no se trata de dramatizar ni concluir mi sábado tarde en frustración pero sí que pretendo decir que para jugar hombres y mujeres aún nos queda mucho por aprender tanto a unos como a otras. Yo hablo, partiendo del hecho de ser mujer, pero siempre hay dos partes, no solo la mía. Aunque, para ser sincera, escribo intentando criticar el peso que todavía llevamos de la sexualidad ancestral. Hablo para que, quién me lea, se plantee que todo puede ser más placentero teniendo en cuenta al otro, en este caso a la mujer que, está allí buscando también “su propio placer”, no nos olvidemos.

 

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