El encuentro... Relato erótico de Hedoné

Intercambio de parejas Swinger

El encuentro… Relato erótico de Hedoné

  |   Relatos eróticos   |   No comment

Aquel chico era alguien que ella no esperaba encontrarse cuando le conoció y al paso del tiempo se había convertido en un buen amigo, un cómplice con quien disfrutar unos encuentros llenos de deseo, morbo y complicidad y exentos de cualquier tabú.

 

Uno de los días que quedaron, ella se sentía juguetona, le apetecía tentarlo y ponerlo a tope para después disfrutar de una explosión de placer que durase toda la noche, pues era el único hombre hasta el momento capaz de seguir el ritmo que imponían sus instintos.

 

Decidió vestirse con una falda a medio muslo, un jersey negro que dejaba su hombro al aire y unas botas altas pero cómodas que a ella le encantaban. Debajo, y obviamente en secreto, llevaba sus braguitas abiertas y sus medias de liga como era su costumbre.

 

Salieron a cenar y charlaron animadamente sobre lo que les había mantenido ocupados en el tiempo que llevaban sin verse. Tenían una química muy especial, mitad atracción animal, mitad complicidad personal que les hacía muy fácil compartir su tiempo juntos.

 

Después de cenar fueron a tomar una copa, como hacía fresquito se instalaron dentro en una zona que había gente y música pero sin que llegase a entorpecer su charla, aunque sí necesitaban estar cerca. Tras un rato decidieron moverse un poco por lo que se acercaron a la pista, no era cuestión de bailar como posesos pero se mecían al ritmo de la música mientras seguían charlando, riendo y bebiendo. En una de esas que se acercaban para decir algo ella le cogió la mano, separó sus dedos y metió el corazón en su boca mirándolo con complicidad, sonriendo y dejándolo lleno de saliva lo sacó de su boca y lo guió bajo su falda entre sus piernas. La cara de él al ver el gesto fue todo un poema pero como la conocía perfectamente le siguió el juego, dejó que ella le llevase donde quería y se sorprendió al darse cuenta que las braguitas tenían apertura. Deslizó su dedo dentro de ella, que además estaba mojada para recibirlo por el tiempo que llevaba pensando en ello, y empezó a masturbarla discretamente con su cuerpo pegado al de ella que a su vez apoyaba contra la pared.

 

Mantuvieron un pulso de quien llevaba las riendas. Él aprovechó la ventaja que le daba ser quien marcaba el ritmo y ella jugaba pero por segundos maldecía su idea. Pasaron unos minutos así en los que cuando a ella se le aceleraba la respiración, él paraba el movimiento. Se miraban con complicidad, sonreían y volvían a jugar hasta que llegado a un punto decidieron marcharse a continuar la fiesta en privado.

 

Cuando llegaron a casa ella decidió que todavía no había terminado su juego, entre besos le sentó en una silla y marchó a buscar un par de cosas para amenizar la velada.

 

Regresó y sin decir nada se puso detrás de él y le deslizó un antifaz negro sobre los ojos, comprobó que no veía nada y preparó un par de cosas más que el oía pero no acababa de identificar.

 

Se puso delante de él abrió las piernas y se las pasó a cada lado. Quedando sentada encima le colocó las manos en sus muslos, se inclinó hacia él y empezó a besarlo lentamente. Abandonó su boca para recorrer su cara hacía el cuello al tiempo que le desabrochaba la camisa. Él se dejaba hacer anegado por su perfume, sintiendo sus besos y caricias con mayor intensidad que de costumbre. Ella cogió un bombón entre sus dientes y se lo acercó a la boca, al notar algo rozarle los labios los entreabrió y notó algo que no esperaba pero enseguida sintió el dulce chocolate en su lengua, sonrió y lo comió. Ella llenó un par de copas con vino blanco fresquito que tenía un toque dulce y de dio a beber, él lo saboreó y siguió dejándose hacer. Tras darle algún bombón más pensó en seguir deleitándose con el maravilloso cuerpo de su compañero de juegos. Se levantó y todavía sin que él viese nada se arrodilló entre sus piernas y acarició su pene por encima del pantalón, notando su dureza y liberándolo para poder disfrutarlo. Para ella era toda una experiencia hacerle una mamada a aquel fantástico hombre porque a parte de tener un tamaño que era su perdición y la polla más bonita que había visto cuando por fin lo sentía en su boca era puro vicio proporcionarle placer. Le acarició la polla con suavidad primero hasta que vio aparecer esa dulce gotita en su punta que tanto le gustaba saborear pero una vez se la lamía ya no podía parar su deseo. Ciñó sus labios alrededor de la corona mientras succionaba suavemente la punta y después fue abriendo y relajando su boca para que entrase hasta el final, notándolo en la garganta, adoraba esa sensación con él.

 

Decidió darle algo más de lo que a él le encantaba y lamió sus huevos bajando su boca por todo el periné hasta llegar a su ano, allí dejó buena cantidad de saliva y pasó su dedo hasta introducirlo lo más que pudo al tiempo que seguía mamando con deleite. Él tenía cada vez la polla más dura, era una auténtica pasada notar lo que le producía pero de repente vio como él que llevaba un rato resoplando se quitaba el antifaz la levantaba del suelo y la tumbaba sobre cama se acercaba a su oído y le decía “ábrete el coño para mi ya”. Ella lo hizo al instante y lo siguiente fue sentir una estocada que la atravesó y le arrancó un gemido intenso.

 

La estuvo bombeando durante un buen rato, él sabía lo que le gustaba, y decidió que era hora de oírla gritar su nombre. Empezó a frotarle el hinchadísimo clítoris y en segundos ella se corrió como hacía mucho tiempo que no le pasaba. Él se dejó ir también sacando su polla de ella y derramando toda su leche por las tetas que luego acarició con la punta, le metió un poco en la boca que ella lamió con gusto y después él lamió parte de su leche mientras le erizaba los pezones con su lengua.

No Comments

Sorry, the comment form is closed at this time.