El encuentro… relato erótico de Sombra_y_Luna

El encuentro… relato erótico de Sombra_y_Luna

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Era nuestra tercera cita con una pareja por Wyylde. Cansados de fracasar en las dos primeras, los ánimos no eran muy buenos. Las dos primeras citas fueron, extrañas y sin feeling.

 

Según les vimos aparecer, ya era otra cosa. Desprendían elegancia, simpatía y guapos. Nosotros tenemos una dificultad como pareja, reside en la diferencia entre Luna y yo. Ella es una preciosa mujer, terriblemente atractiva, exhibicionista y de gran sensualidad femenina. Como suelo describirlo, es la pasión por el sexo de un hombre, encerrado en un cuerpo de mujer. Un apetito por el sexo, que jamas había conocido en otra mujer. Yo soy un hombre maduro, experimentado, con atracción por el placer ajeno, voyuer, seguramente culpa de mi profesión, fotógrafo especializado en erotismo. Esa circunstancia ha hecho de mi, un apasionado de la mujer, de la sensualidad natural que desprenden.

 

El primer momento, quedamos para tomar unas cañas, ya presagió que iba a ser diferente. A los dos les gustaba la indumentaria de ella. Luna vestía un corsé de encaje que dejaba entrever sus pechos, un tutú negro, muy corto como falda, y unas hermosas piernas decoradas con medias que dejaban ver el ligero y parte de sus braguitas, elevada en unos tacones de aguja. Trascurrió el rato entre risas, bromas, y pequeñas indirectas con nuestros gustos, Sentíamos atracción al mirarnos los unos a los otros.

 

Pasada media hora así, decidimos ir a cenar los cuatro. Ya sentados, tenia en frente a Sandra, empece a apreciar de verdad a la atractiva mujer que tenia ante mis ojos. Media edad, un cuerpo que presentía espectacular, y sobre todo, buen humor y conversación.

 

Dejadme que en esta ocasión me centre en lo que fue la noche para nosotros dos. Sandra y yo. Aunque fue un juego de los cuatro, donde es un relato que mas adelante os contaré, la noche de Luna y su nuevo …

 

Sandra, aquella bella mujer, empezó sorprendiéndome con su admiración por Luna. Cada vez que se levantaba de la mesa, Sandra, llenaba sus ojos de pasión, ver los comensales de otras mesas le hacia brillar los ojos. La excitaba ver como miraban a Luna en sus paseos de exhibición, hacia comentarios de como le gustaba sentir el deseo en ellos por Luna, y la insana envidia que levantaba en ellas. Que fuera voyuer como yo, me excitaba a mi. Veía en Sandra amanecer el partener de mis juegos.

 

Poco a poco, con animo de no asustar, les fui contando que nosotros pertenecemos a un mundo muy diferente, al BDSM. Lejos de ello, los dos mostraron un gran interés por él, por sus practicas, por sus formas de interaccionar. Los dos, Sandra y su pareja, tenían ganas de conocerlo, sin saber muy bien, que roles tomar en él. Entre chascarrillo y chascarrillo trascurrió la cena, y en ella, su amanecer al BDSM.

 

Después del café, les invite a conocer un local, nuestro segundo hogar, probablemente el mejor local de España para el BDSM, donde podemos practicar nuestras “perversiones”. La idea les agrado, sentían curiosidad, no habían conocido nunca ninguno. Estábamos al lado, y tardamos cinco minutos andando en llegar.

 

Me encanto la cara de Sandra cuando entramos, parecía una niña cuando ve una tienda de chuches. Aquella oscuridad, ese aspecto entre lúgubre y morboso, la excitaba, lo dejaba notar.

 

Lo primero fue pasear por el local para mostrarles los diferentes artilugios, cepos, potros, cadenas, columpios, confesonario, jaulas…todos ellos junto con sus respectivos látigos y fustas para aplicar placer. Era como estar en un teatro de otra realidad, viendo como mis amigos practicaban BDSM.

 

Nos sentamos en la barra, desde allí, a Sandra, le llamo poderosamente la atención la cruz de San Andrés. Aquellos dos maderos cruzados en X con sus sujeciones y cadenas. Empezó a comentar, que los artilugios le asustaban, pero aquella cruz le atraía.., estaba dispuesta a probar, a ponerse en mis manos allí.

 

Fue una invitación que acepte de inmediato. Por fin aquella mujer que me llevaba atrayendo toda la noche, se decantaba por un rol, Sumisa. Despertó de golpe al Amo que llevo dentro. Y sin más dilación, con autoridad, le dije que se quitara el vestido y me acompañase.

 

Ante la pequeña sorpresa que le supuso tener que ir desnuda, no esperaba verse así, delante de nuestras parejas  y de los demás clientes. Se quito el vestido sin rechistar, dejándolo en la barra. Demostrando ya una entrega al juego sin condiciones.

 

Por primera vez puede verla en toda su plenitud, sin aquellas ropas, que tapaban su cuerpo. Estaba radiante, realmente hermosa, descubrió un cuerpo destinado a mi placer, unas curvas perfectas. Se quedo con un sujetador que mostraba sus pezones por unas pequeñas aberturas encantadoras, estaban duros. Su cintura se embellecía con unas braguitas de encaje, era todo negro, y unas hermosas piernas que embellecía con medias y ligero sobre unos tacones maravillosos que mostraban su esbelto culo perfecto.

 

La cogí de la mano y nos dirigimos a la cruz, un pequeño paseo cruzando el local delante de los amigos, la quería lucir. Al llegar a la cruz, la hice esperar mientras buscaba las muñequeras de cuero apropiadas para ella. Fueron solo un par de minutos, pero la veía mirar a los clientes entre excitada y asustada, sin saber que iba a pasar allí realmente.

 

A mi vuelta, la coloque en la cruz de frente a mi, deseaba verla, recorrer su cuerpo con mi mirada. Le ajuste las muñequeras en manos y pies, dándole la tensión justa para no forzarla y que estuviera cómoda, pero en cruz. A un amigo que jugaba al lado, le quite una venda para los ojos, yo no había ido a jugar y no llevaba mis accesorios. Necesitaba aislarla de lo que mas llamaba su atención, como la observaban desde la barra nuestras parejas, y sobre todo, el resto del local. Con los ojos vendados se centraría mas en mi. Estaba preparada para empezar a sentirme.

 

Wyylde erotico

 

Empece con leves toques de mis dedos recorriendo sus labios, su cuello, dejándolos buscar sin prisa las curvas de sus pechos y por fin sus pezones, de una enorme dureza. Como manda las buenas normas, seguí bajando por su hermosa cintura, recorriendo solo con un dedo su contorno, para pasar cerca de su monte de venus hacia sus piernas. Notaba ya su respiración muy entregada, excitada.

 

Ella podía sentir mi cuerpo casi pegado al suyo, con leves roces esporádicos que le sorprendían de mi cadera o mi hombro. Por fin, subí el dedo por el interior de su pierna dirigido claramente hacia su vagina, necesitaba comprobar antes de seguir si estaba ya bien húmeda. Me encanto alcanzarlo, su braguita rezumaba ya. El leve recorrido de mi dedo buscando la forma de aquellos bellos labios vaginales por encima de la ropa, entre leves suspiros de ella, me indicaron que estaba muy preparada para conocer el floguer, un látigo de puntas corto, de piel, para no hacer daño. La deje respirar unos segundos, lo justo para recuperarse de ese primer encuentro con el dedo, y le di su primer latigazo en la vagina, muy suave, dejando solo cargar el látigo sobre la braguita, y que las puntas rompieran en su culo pasando entre las piernas con suprema suavidad, sin dolor. La sorpresa era mas que suficiente. Uno sobre otro, los golpes, se dirigían siempre con suavidad a su vagina ante su excitación, con paradas intermedias de un abrazo y un beso.

 

Deje el floguer, y empece a jugar con su pelo entre mis manos, mi vicio, mi fetiche, mostrando la dominación sobre ella  con pequeños tirones, que le hacían inclinar la cabeza, mientras mis labios recorrían su cuello o bajaba a su pezón. Mientras la otra mano repetía el recorrido por su cuerpo, en la misma forma que lo habían recorrido antes. Pero esta vez, con mi cuerpo más pegado al suyo. Cuando llego el dedo a su vagina, con lentitud, busque el borde de su braguita, apartándola. Entonces por fin, pude introducirlo y descubrir como ella había disfrutado plenamente del juego.

 

Muy pausado, fui haciendo el recorrido de sus labios vaginales, primero los exteriores, ya muy mojados. Después los interiores, buscando acabar en su clítoris para poder jugar con caricias y algún pequeño pellizco en él. Estaba inflado, erecto, muy mojado. Me excitaba tenerla así, preparada para todo, sin miedo ya, y absolutamente entregada. Introduje mis dedos en aquella vagina, la sensación de calor al recorrer mis dedos su interior, notar como se estremecía, me hacían volar la imaginación.

 

Sandra era nueva, novata, no podía usar mis artes de Amo sin más. Debía no privarla de experiencias que mas adelante debe sentir en futuras entregas. Volví a dejarla respirar mientras cogía lo mas adecuado para alcanzar el orgasmo. Con el Hitachi en mi mano volví, ese juguete, que ninguna mujer puede resistir. Mientras, le hable un poco al oído, le conté como le seguían mirando, y como sus gemidos, de cierto tono alto, se habían adueñado del local. Ella, era la atracción. Nuestras parejas desde la barra nos observaban, habían dejado sus actividades para centrarse en ella que disfrutaba abiertamente. Ya todos miraban mientras seguían tomando la copa.

 

Llego el momento de acercar el Hitachi a ella, de colocarlo en su entrepierna. Nunca lo había experimentado. Le sorprendió la sensación que le producía. Poco a poco, la intensidad del aparato fue subiendo, y con ello los movimientos de su cuerpo y sus gemidos. Después de unos minutos, mientras mi otra mano le sujetaba un pecho, forzando su inmovilidad en la cruz, apretaba su pezón con deseo.

 

Alcanzo el orgasmo. Sujeta de todas sus extremidades, la abrace y besé con mucha calma, mientras la iba liberando de sus ataduras.

 

Entre risas y caricias, volvimos todos a beber a la barra. Había sido, el primer encuentro de Sandra con el BDSM, con el Amo.

Sombra_y_Luna
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