El tamaño no siempre importa, las maneras sí.

El tamaño no siempre importa, las maneras sí.

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Si consultamos el DRAE, ejercicio que aconsejamos hacer a menudo con el fin de evitar patadas innecesarias al lenguaje o irrupciones en jardines frondosos, sin brújula ni talento para el desbroce; momentos innecesarios y desagradables a partes iguales, veremos que en las múltiples acepciones de la palabra “pareja”, siempre se alude a un conjunto.

 

Son tres sílabas, nada fuera del alcance de nadie aun poco acostumbrado a la lectura. Seis letras nada más, sin haches intercaladas, diéresis, sinéresis ni artificios que puedan inducir a equívoco a un lector de capacidad media. Sin alardes.

 

Dicho lo cual, aplicando esta información al ámbito liberal (“vida interior” nos gusta llamar a estos arrebatos reflexivos ), y en relación a la manera de conducirse en páginas como esta, “esquipes”, “guasapes” y todo el etcétera que el mundo virtual nos regala, no deja de sorprendernos, entre otras cosas, el total abandono por parte de muchos usuarios de los mínimos protocolos sociales, cívicos y de sentido común, amparados en la supuesta impunidad del igualmente supuesto anonimato cibernético. Por ejemplo: “Hola, me llamo Fulano, o Mengana…”, “Buenos días”… son fórmulas que convendría utilizar antes de “follamos, te gusta chuparla, me perdería entre tus tetas, si voy con lo que te doy” o cualquiera de las infinitas variantes que sufrimos a veces; muchas veces. Por ser ordenados, vaya.

 

Nadie, sin diagnóstico ni medicación, queremos decir, se acercaría a una chica o chico en el bar, super, oficina… con el rabo en la mano y glosando sus aptitudes sexuales así, de entrada y por las bravas. Del mismo modo, si alguien se dirigiese, pongamos por caso en un Pub Liberal, a uno de esos conjuntos de dos a los que el diccionario se refiere como pareja, ninguneando sin pudor a uno de los miembros de ésta, de manera más o menos sutil, insistentes como suelen los que suelen, (el artículo es neutro, no sólo engloba a los chicos solos), y pasándose por el forro de los huevos o gónadas que correspondan, las seguramente al principio moderadas, menos amables cuando empieza a resultar cansino de verdad, advertencias de los interpelados, es más que probable que la cosa acabase en algo más que empujones, y no de los que provocan cosquillitas bajoventrales, especificamos, o al menos en acerbas consideraciones sobre la dudosa honorabilidad de madres y demás ascendencia. Pobres.

 

No es tan difícil, creemos (tres sílabas de “na”, seis letras…), aplicar a una conversación, o propuesta, el sentido común, las más elementales normas de educación o los tiempos verbales correctos. A saber: aquello de “yo: primera persona del singular, tú: segunda del singular, VOSOTROS: segunda del plural…” siendo este plural, al mismo tiempo, quid de la cuestión y manera de evitar, por ejemplo, que a chico, chica o pareja lo manden a tomar por donde la espalda ya no es tal, ni se llama así,  sin anestesia, también por las bravas, y de que a nosotros nos llamen bordes.

 

FlaviayCia

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