FILA 6 ... relato de Lena C.

FILA 6 … relato de Lena C.

Relatos eróticos

 

Frente al espejo, maquillándome, no soy capaz de decidir qué prenda luciré en nuestro primer encuentro. Confieso que la sola idea de tener una cita sexual con un desconocido en un cine me produce pavor.

 

Me sostengo la mirada en el espejo preguntándome a mí misma si seré capaz de hacerlo. Cierro los ojos un instante para revivir, de golpe, todas las fantasías que hemos compartido en una pequeña pantalla y mi cuerpo se estremece. Aplico los últimos toques de máscara de pestañas y entreabro mi boca para aplicar el rojo de labios. Me excito al pensar dónde terminará ese carmín.

 

De camino al vestidor decido apostarlo todo al negro. Blonda elástica y transparente en un sujetador balconet y un culotte. Una vez ambos en mi piel, mi reflejo desde diferentes ángulos, sugiere sin mostrar. Bajo la blonda del sujetador se adivinan unos pezones firmes y erectos que se estremecen esperando sus labios y su saliva. El frontal del culotte deja adivinar un trozo oscuro en el centro, algo de vello cuidadosamente recortado. Un cambio de color en la transparencia delata que mis labios están totalmente depilados para su mayor disfrute. Se exhibirán suaves y deseosos de derretirse al primer roce de su lengua caliente. Un ligero vestido negro con escote en “V” y una falda de vuelo midi completan mi look sexy pero elegante.

 

Tamborileo los dedos en el volante con impaciencia mientras los semáforos cambian, temiendo echarme atrás en el último momento. A los diez minutos mis tacones apenas me sostienen a la puerta del cine.

 

Separo el codo de mi cuerpo y giro la muñeca para comprobar que soy puntual. Veintidós treinta. Tal y como él me exigió. Cuento diez hasta lograr traspasar el umbral de la puerta de entrada de la sala 11. Camino a oscuras, la película lleva media hora de metraje.

 

Mis manos temblorosas sacan del bolso la entrada numerada que me envió por mail esta mañana. Mientras la miro repaso mentalmente las instrucciones precisas que él me indicó:

“Una vez en la sala, a oscuras, enciende la linterna del móvil y sube despacio hasta la fila 6. Con la luz baja localiza la butaca número 11. Una vez allí apaga la linterna, siéntate y no desvíes la vista de la pantalla ni un segundo. Yo llevaré media hora esperando cachondo perdido en la número 12.”

 

Con la boca seca subo las escaleras hasta llegar a la fila 6. Las butacas están llenas y el pasillo es pequeño. Pido disculpas atropelladas a los espectadores. Un par de ellos, lejos de parecer molestos, mascullan alguna palabra obscena, excitados por el olor de mi suave perfume y el involuntario roce del satén de mi vestido en sus rodillas.

 

Llego a mi destino jadeando de excitación y nerviosismo. Una sombra en la butaca 12 sigue mirando la pantalla, como si nada, mientras intento calmar mi respiración. Un minuto, dos, tres…quizás me he equivocado de butaca o quizá no haya venido. Esa sombra impasible no puede ser él. Ni si quiera me ha mirado.

 

De repente un cosquilleo extraño. Las yemas expertas de unos dedos traviesos deslizan, hacia arriba, el final de mi falda y se adentran seguros entre mis muslos. La mano, ya completa, se abre paso y aparta la blonda hacia un lado para rozar mi sexo sin pudor alguno. Un escalofrío recorre mi cuerpo cuando sus dedos se deslizan cómodamente dentro de mí y comienzan un movimiento rítmico y delicioso que me provoca un ahogado gemido. Cierro los ojos, muerdo mi labio inferior y me abandono al placer a pesar de las miradas furtivas de mi otro vecino de butaca.

 

Lena C.