Los mini relatos de Enlaluna

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Los mini relatos de Enlaluna

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Sin mediar palabra

El juego de la seducción está en marcha. Verte de lejos en la otra esquina del bar. No poder quitar la vista de ti. Sentir un fuego al comprobar que tú también me has visto a mi. Aguantar miradas sin pudor, pararse el mundo mirando tu boca. Beber un trago porque la boca quedó seca al imaginar morder los labios. Estar más cerca cada vez y en un descuido de mis amigos ir hacia un pasillo oscuro, con el corazón a mil, esperando no ser sólo yo la que está imaginando. Esperar, esperar, escuchar unos pasos, no respirar, y verte aparecer, en silencio, despacio, acercarte a mí. Pegar tu cuerpo al mío y provocar que yo quede contra la pared. Y, sin mediar palabra, ver como acercas tus labios a un milímetro de los míos, y por fin me besas despacio, con labios que buscan unos labios nuevos. Manos que durante el beso han inmovilizado las mías, y de repente relajan la presión, a la vez que el beso se acaba, dejando un sabor a saliva nueva, y el calor de un cuerpo que desaparece, sin mediar palabra…

 

 

Vamos

Vamos, acércate a mí, lo sé, hace un rato que me has visto. Atrévete a tomar la iniciativa, ven con tu copa en la mano y mientras me saludas sitúate frente a mí. Ahora me tienes deliciosamente acorralada contra la pared, y cuando me hablas, te sitúas tan cerca que puedo notar tu aliento. Lo estoy deseando y lo haces, me arrastras de la mano hacia un lugar oscuro, me arrebatas, te pegas a mí, tu cuerpo aprieta el mío y me besas con lujuria, con besos calientes, me muerdes los labios. Una de tus manos ha apresado mis dos manos a la altura de la muñeca y, lentamente me has inmovilizado. Esa sensación me ha excitado. Tu mano libre me ha levantado el vestido, y tu dedo índice ha acariciado por encima de las bragas, despacio al inicio, con más energía después, bajándolas hasta media pierna y tus dedos me han dado un festival de sensaciones entrando y saliendo, mojándome al final. Justo en el preciso momento en el que alguien, alguno de nuestros amigos, nos ha encontrado y poniéndose a reír ha encendido la luz. “Venga parejita, que os estamos esperando para partir el pastel, coño, que es vuestro aniversario!!”

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Me debes un día de lluvia

Ha estado toda la noche lloviendo y yo he estado muy inquieta. Los días y las noches lluviosas me generan una inseguridad que sólo la calma una gran dosis de caricias, besos y piel, y saliva. Tengo el capricho de que, alguna vez en mi vida, alguno de mis amantes haga realidad mi fantasía. Quiero pasar toda una mañana de lluvia en la cama. Retozando, follando, desayunando, desayunándonos. Durmiendo a ratos, exhaustos de tanto que nos lamemos, nos mordemos. Recuperando fuerzas para seguir sintiendo los cuerpos calientes, el uno dentro del otro, encima, debajo. Mirando vídeos calientes de otros, que nos dan ideas, y llamarles para, sin salir de la cama, ponernos aún más cachondos oyendo sus voces sensuales.

Como hoy, desde este hotel clandestino, donde tú has dado un nombre falso. Era demasiado evidente que te doblaba la edad. Que somos profesora y alumno. A pesar de que has sido el único hasta el momento que me ha propuesto semejante locura: – No vayamos a clase, tú di que estás enferma, yo no sé, algo inventaré. El pronóstico da tormentas todo el día. Vámonos a un hotel. Me debes un día de lluvia.

 

Nadie como tú

Ninguna mujer folla como tú lo haces, porque te entregas como ninguna”.

El elegante ejecutivo, había quedado con su esporádica amante bohemia en uno de esos discretos hoteles para parejas,después de muchos meses. Ella seguía poniéndole como ninguna, a pesar de no ser la más esbelta, de sus patas de gallo y de esos michelines que se resistían a desaparecer. Era la que se la ponía más dura. Él, que había follado tanto, escondía bajo su estilosa apariencia una juventud de chulo piscinas macarra. Ese que le salía cuando la agarraba del pelo y se lo retiraba de la cara, “quiero ver cómo me la chupas”. No entendía qué es lo que la hippy le transmitía, pero le volvía loco.

A ella también le parecía incomprensible. Le encantaban los cantantes de rock, melenudos y extrovertidos. Pero el estirado le sacaba su lado más salvaje. En la cama se transformaba y la transformaba a ella también. Su secreto estaba bien guardado, pero cuando él la hacía gritar de placer, en algún lugar metafísico desconocido se producía un terremoto al encontrarse la rebeldía de él, con la íntima sensación de ella de que la vida se le escapaba

 

Tu boca

Estabas consultando algo en tu móvil, era de noche, la calle muy poco iluminada, de tal forma que la luz del aparato iluminaba tu boca,tu nariz…Me estuve fijando toda la tarde en ese pliegue que hace tu mejilla en los lados de tu boca, remarcándola, haciéndola terriblemente deseable. Me di cuenta cuando te expliqué mi primera experiencia sexual. Apoyaste los codos en la mesa del bar frente a mí y las manos apoyaban tu cara, a la vez que te acercabas un poco a mí, poniendo todos tus sentidos en mi explicación. Interés que fue inversamente proporcional a mi capacidad de concentración para explicártelo. El pliegue que vi en el bar, ahora estaba iluminado y no pude evitar que mi dedo índice lo repasara levemente “me gusta esto”, tú sonreíste sin mirarme y el pliegue se acentuó, lo cual me empujó a pedirte que me comieras la boca.

Estabas de paso y proponías conocernos. El mundo virtual nos había acercado, tan distantes que estábamos en el mundo real. En la última conexión me pediste que me masturbara para tí. Querías oír mis gemidos. Cuando el momento llegó, te oí decir, “entre tus piernas, dentro de tí”, como si al decirlo estuvieras ahí realmente.

Ahora el mundo se paraba en tu boca.

 

Enlaluna

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