Placer a 3 ... relato erótico de Hedoné

Placer a 3 … relato erótico de Hedoné

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Habían quedado para tomar algo después de mucho tiempo de charlas, en las que poco a poco fueron descubriendo que eran personas muy afines. Ella sabía que cuando pasaba unos días sin charlar con él lo echaba de menos, por eso ninguno de los dos permitía que pasara demasiado. Cuando por fin tuvo esos preciosos ojos azules mirándola se sintió ruborizar más de lo que había imaginado y bajó la mirada como si tuviese un punto de timidez, que en el fondo sabía que no era cierta.

 

Se sentaron en una terraza y pidieron. Hablaban, sonreían y se dejaban llevar, todo era muy sencillo entre ellos, como lo había sido siempre. Se iban sintiendo cómodos, una veces ella apoyaba su mano en el muslo de él, otras era él quien buscaba su brazo. Pasado el rato estaban ya sentados uno al lado del otro y las caricias pasaban de vez en cuando por el pelo o la cara, acompañadas de intensas sonrisas. Ella decidió acercarse despacio, mirando sus labios, de forma que le anunciase un beso inminente y aprovechó la cercanía para inspirar su olor, que bien olía…

 

La seducción había ido labrando el camino de una noche llena de juego, que sabían, les esperaba.

 

Se sentían intensamente atraídos, se miraban y los roces que buscaban con toda la intención estaban cargados de deseo, que se veía claramente mucho más que se intuía, por lo que decidieron poner rumbo a la habitación de hotel que habían reservado.

 

Él esperaba que ella sacase la llave que les diese acceso pero en lugar de eso tocó la puerta. Todos sabían lo que iba a ocurrir esa noche, ya que llevaban un tiempo en contacto pero no habían concretado detalles, que iban surgiendo sobre la marcha. Se abrió la puerta y apareció un chico de porte atlético, rapado, que con una sonrisa pícara la saludó con un pico y un abrazo. Ella los presentó oficialmente y todos pasaron a la habitación.

 

Habían estado charlando sobre el tema para ver si existía afinidad y atracción que les permitiese esa aventura. Para ella era la posibilidad de dejarse en manos de dos hombres en los que confiaba plenamente, que sabía que la tratarían bien y mirarían por darle placer, además de jugar entre ellos para que ese placer fluyese en todas las direcciones sin obstáculo alguno. Eran muy morbosos y había una química especial, por lo que el juego estaba servido.

 

Empezaron besándose los que ya habían compartido experiencias, mientras el chico alto de ojos azules les miraba, parte satisfecho y parte deseando su parte. Un beso intenso y profundo les dejó sin aliento, cuanto tiempo deseando reencontrarse… Ella miró al otro chico, como pidiendo que se uniese al juego, él se hizo el remolón para ver en ella un gesto de impaciencia. Se acercó hasta ellos, se puso tras ella a besarle el cuello mientras el chico rapado le comía la boca y en ese momento ya no hubo freno hasta llegar a la extenuación.

 

Entre los dos la desnudaron, besándole el cuerpo y plagándola de caricias que le arrancaban suspiros y algún ronroneo.

 

Uno de ellos la empujó suavemente hasta hacerla caer en la cama, le separó las piernas y se sumergió entre ellas mientras en otro se colocaba a la parte de su cabeza apoyándola sobre su pecho, dándole algún beso y disfrutando del espectáculo. Hundía su lengua en la húmeda vagina y recorría arriba y abajo su clítoris, mientras oía sus gemidos. Él sabía arrastrarla al borde del precipicio sin dejarla caer y su amigo disfrutaba escuchando y viendo su placer, que le alimentaba y preparaba para el juego.

 

El chico rapado se colocó entre sus piernas, dispuesto a entrar a petición de ella, que ya deseaba volver a sentirlo dentro. Puso su durísima polla en la entrada de la vagina y solo tuvo que dejarse resbalar al interior, sin resistencia por lo mojada que estaba pero sintiendo lo estrechita que era por dentro, tal como la recordaba. Ella estaba extasiada de las sensaciones que le provocaba pero volvió enseguida al lugar que compartían con el chico de ojos azules para pedirle que se acercase y le ofreciese su polla, que ella degustó, complacida de ser el centro de la fiesta.

 

En esta tesitura andaban cuando el chico alto decidió tomar la iniciativa de otro detalle hablado. Se acercó por detrás al chico rapado, que supo confiado lo que iba a ocurrir y no podía esconder su deseo reflejado en los ojos. Le besó y empezó a acariciarle el cuerpo buscando que se fuese adaptando a la situación, sin dejar de penetrar a la chica, que disfrutaba al tiempo del morbo de la situación que estaba presenciando. Llegaron sus caricias al punto deseado, rozando, sutilmente primero, mojando con saliva sus dedos para entrar suavemente en su ano, notando como él respondía y se exponía más. Cogió un bote de lubricante, aplicó un poco y siguió preparando el cuerpo del chico que retozaba deseoso de más, al tiempo que ella le notaba más duro, si cabe, de lo que siempre estaba.

 

Cuando por fin lo creyó preparado, y puesto que él también lo estaba por la situación, lo penetró sin que el chico abandonase el cuerpo de ella. Por fin estaban formando el “trenecito” que tanto les apetecía y todos disfrutaban inmersos en el placer que sentían y lo morboso de la situación, cumpliendo así varias fantasías al mismo tiempo y disfrutando más por ser compartidas. Gemían y se dejaban llevar mientras sus cuerpos buscaban el ritmo común y daban descargas de placer. Viendo que la situación era extremadamente caliente y sabiendo como había que jugársela a ella para tenerla donde quería él, salió de su cuerpo. Ella se sintió abandonada pero rápidamente pasó a meterle 3 dedos para masturbarla al tiempo que le comía el coño, completamente empapado, mientras seguía recibiendo su parte. Al comérsela así fue ella la primera en gemir desesperadamente arrastrada por un inmenso orgasmo que la dejó sin respiración. Acto seguido y entendiendo que ya podía abandonarse, el chico rapado cayó sobre su pecho regando de leche toda la cama, gimiendo y dando gracias por haber podido experimentarlo por fin. Ella los miraba sonriendo extasiada, eran bellísimos por el hecho de rezumar placer como lo hacían.

 

Ya solo quedaba el chico alto de ojos azules para completar el trío de orgasmos. El chico rapado una vez recuperado mínimamente el aliento siguió participando para deleite del otro. Movió su cuerpo buscando el placer del compañero que por fin se rindió con un bronco gruñido que anunciaba su final.

 

Quedaron los 3 sobre la cama, ella en medio tendida sobre el costado y cada uno de ellos a su lado regalándose alguna caricia y algún beso dulce después de tan inmensa experiencia para los 3.

 

Pasado un rato y prácticamente sin pretenderlo las caricias se habían intensificado e iniciaban de nuevo otro asalto donde no pararían hasta caer exhaustos.

 

HEDONÉ

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