Sesión en julio... relato erótico de RHEAF

Sesión en julio… relato erótico de RHEAF

Relatos eróticos

Un poco de calor en estos días de frio…

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Hiciste que me vistiera para ti , dejaste que yo eligiera la ropa.
Sin dudarlo, eche mano de mi armario de secretos y saqué mi corpiño más escandaloso.
Charol negro, ribeteado de rojo, copas bajas que casi dejaban entrever mis pezones. La espalda, con cruce de lazo negro, que ciñe mi cintura y aumenta la evidencia de mi culazo, dejando libres y ostentosas mis nalgas. Las marcelas del liguero caen libres sobre mis muslos. Hoy no sujetan medias, es el día de San Juan, y el calor insoportable se cuela por las rendijas de ventanas y puertas de casa.
Te llamo a mi vestidor… ya sabes que los zapatos siempre los elijes tu… Rojos, sin duda, me dices con voz firme, mientras tus ojos te delatan apercibidos por el brillo de unos peep.toe stiletto rojo carmín que asoman al abrir mi baúl.
Me visto en tu presencia, mirándote por última vez a los ojos antes de nuestro juego. Me atrevo con una mirada un punto retadora y tú, me sostienes la mirada con una sonrisa cómplice y un punto enigmática. Adivino tu boca salivando efecto de las ganas y el deseo por ahora contenido. Me abandonas a mi rito personal de acicalamiento.
Yo ya tiemblo ligeramente, noto la excitación como recorre mi espina dorsal, como la boca del estómago se cierra, como mi boca va quedándose seca, como mi respiración va acelerándose. Noto mi sexo húmedo y lubricado, con contracciones suaves y rítmicas, ardiendo ya, con esa sensación de sentirse lleno de tu carne sin apenas haberlo rozado.
Mis pezones erectos rozan el charol tieso y frío del sujetador y eso provoca cierta incomodidad placentera, que evidencio al recolocar mis pechos dentro de las copas, que no aciertan a contener mis pechos tan hinchados se encuentran, por el placer que advierten cercano.
Me siento al filo de la cama para calzarme y de forma ostensible al levantar mi pierna y cruzarla sobre la otra huelo mi propia excitación. Huele acre y dulce, intenso, húmedo, huele a hembra, a musk, a fuente contenida, huele animal y huele a salvaje…
Enfundo mi pie en el zapato rojo mientras mi hipotálamo excitado por los efluvios de mi sexo se recrea, provocado por la pituitaria…
El otro zapato se resiste, mi pie se rebela, mi mano corrige su posición y calza suavemente el stiletto.

Me llamas,  y me arrebolo ante tu timbre grave y tu tono firme. Tus palabras embotan mi cabeza y tiran automáticamente de mi para ponerme en pie y comparecer ante ti.

 

 

Has dispuesto la mesa adosada contra la pared, y sobre ella están dispuestos todos tus artilugios.
Ni siquiera dudas. Me tomas de la mano a nuestra manera, entrelazando los dedos como muestra de nuestra total comunión y complementariedad , y me acercas a ti…
Tu mirada quema y yo no puedo más que apartar mis ojos momentáneamente, como si te temiera.
Me acompañas junto a la mesa, el negro hace que tus útiles rojos adquieran un halo de objetos de rito, y yo me ofrezco sin el menor resquemor a tus manos sabías.
Tomas el collar y lo unces a mi cuello, imponiéndolo con seguridad delicadeza y destreza. Pasas el pasador por el agujero del cierre metálico y me preguntas si estoy cómoda, a lo que te respondo con un si.
Pides que me gire para ver mi envés y caes en la cuenta de mi tatuaje. Apartas mi cabello a un lado para poder tener a la vista la tinta que marca mi espalda, para que todos cuantos afortunados vean lo que vivimos íntimamente, reconozcan la pala de mi espalda… Ese secreto que durante tantos años evite fuera reconocido y que hoy reclamas como signo de tu poder, muestra de nuestra complicidad y señal de tu compromiso de cuidar de mi.
Acompañas hacia la espalda mi brazo izquierdo y a la altura de la muñeca, colocas el manguito de las esposas, y una vez atado, tomas mi brazo derecho y atas el extremo del inmobizador a mi otra muñeca.
Me preguntas si estoy bien, ¡estoy en las nubes! La excitación de no saber tus intenciones me nubla la mente y a la vez me hace sentir extremadamente sensible.
Sensible al roce de tu mano en cualquier rincón de mi piel, sensible a tu voz profunda y firme, sensible al olor de tu cuerpo rondando mi aura, sensible al mínimo gesto aposta o descuidado de tu cara, sensible al brillo animal que destilan tus ojos en esos momentos.
Preparas la cámara con temporizador… Salimos al balcón, me ordenas, no reproches, no me importa que te vean, es más; ojalá esos vecinos de patio de manzana adivinen lo zorra que eres! Y me indicas: a mis pies, arrodillada, de espaldas a la cámara. Abre tus piernas, yo tomaré tu collar mirando al frente la cámara. Tres tomas, es suficiente.
Así atada no me valgo, y tú lo sabes, así que delicadamente me tomas por los hombros incorporando mi cuerpo hasta encontrar mi mirada a tu altura. Eres un Amo espléndido, permites mirarte a los ojos , siempre me dejas encontrar tu mirada sin incomodarte ; al contrario, recibes mi mirada con placer y complicidad y eso hace que yo aún me entregué más y con más intensidad a ti.
Me acompañas dentro, me guías de tu mano al borde de la mesa.
Mesa negra, cuadrada, repleta de tus juegos. Espera, me dices sosegado, y sin dudar, te diriges a una de las habitaciones y, abriendo el armario, tomas dos cojines.
A la vuelta, colocas los cojines sobre la mesa , me giras de espaldas a ti y con mano suave pero firme haces que me volquete sobre la mesa. Tú acomodas mi cabeza a los cojines, a la vez que separas mis piernas ostensiblemente.
Tu mano se desliza por mis nalgas, recorriendo la curva convexa de mi culo prominente. Parece que estés saboreando mi piel con tu mano, que te estés alimentando de mi gemido contenido, que mesitas tempo y angustiosa espera para dilatar el placer próximo.
¡Zas! ¡Primera nalgada! Mis carnes vibran a tu mano. Se ha oído una palmada seca, y luego una más, y otra, muchas más…
Mi glúteo derecho se sonrosa, me oyes balbucear; ¡más! ¡Dame más! ¡Quiero más!
Y yo, oigo tu respiración profunda y acelerada, presa de la excitación por la visión de tu mano sobre mi piel y de mi continua demanda.
Ahora me has cogido del pelo, es como si pretendieras montar un potro salvaje abalanzándose sobre él, amarrado por sus crines por tu potente mano.
Se que me vas a dar duro, o quizás vas a sacarte la polla dura de tanta excitación, para metérmela dónde te plazca.
Tú erección es brutal, lo noto cuando te restriegan contra mis nalgas, y yo ansío ya notar tu firme tibieza dentro de mi. Tú elijes donde… y tu elección hoy es indiscutible…
Me coges de la cintura para acompañarme hacia ti, y cuando menos lo imagino ya te tengo dentro.
Empujas como un potro salvaje, apretando las carnes de mis caderas con tus manos poderosas, descargando tu furia contra mi coño húmedo, gritando poseído por la excitación…
Me oyes pedir más y me complaces con más furia salvaje, me penetras hasta las mismas entrañas, me tiras del pelo, me gritas !zorra! Me inmovilizas con una de tus manos, cruzando mis brazos por detrás de mi espalda, mientras tu mano derecha no para de azotar mi culo sonrosado ya por tus palmadas…
Te voy a dar hasta que pidas clemencia…
Y la clemencia llegó tras derramarte en mi habiendo agotado los incontables orgasmos que siempre guardo para ti…
Hoy ya no te pertenezco , pero aprendí a disfrutar en los límites , de tu mano…

 

RHEAF