Tuyo ... relato erótico de Hedoné

Tuyo … relato erótico de Hedoné

Relatos eróticos

 

Esa tarde-noche andaban jugueteando, entre besos y algunos gestos que dejaban entrever que el deseo estaba presente y siempre revoloteando a su alrededor, preparaban algo para picar en la cocina. El calor no dejaba lugar para nada consistente, algo que matara el gusanillo.

 

Ella estaba cortando un poco de queso cuando lo sintió pegado a su espalda, con su boca junto al cuello. Le dio un beso mientras le susurraba al oído “hoy quiero ser tuyo, quiero que me ates y hagas conmigo lo que te plazca”. Tenía su erección pegada a la parte alta de su trasero, que daba fe de las ganas que tenía su compañero de que aquello sucediese. Ella se giró, le dio un morreo que se fue convirtiendo en profundo, al tiempo que cogía su polla por encima de bóxer, acariciándole y aumentando su respuesta.

 

Dio un pequeño salto y enlazó sus piernas alrededor del fuerte cuerpo de él, que la tomó en volandas y la llevó al sofá. Quizá no era, a priori, el lugar más adecuado para ello pero así sería también un escenario diferente.

 

Pasados unos minutos de intenso juego ella paró un momento para abastecerse de lo necesario y volvió rápidamente junto a su amante. Le tapó los ojos con un antifaz negro que no le permitía ver nada, le juntó las manos, las enlazó con unas esposas que ciñó, y las pasó por encima de su cabeza. Una vez en esta tesitura empezó a besarle, primero en la boca, lento, suave y profundo.

 

Le dejó con ganas de más para seguir besando y mordiendo cada centímetro de su piel desde el cuello hasta la zona que rodeaba el pubis, sin prisa, deleitándose en su piel, en cada músculo de su cuerpo. Una vez cerca de su polla, dura como estaba ya por las caricias y el juego, la metió en su boca, endureciéndola más aún, y lo hizo gemir como ella sabía. Adoraba oírlo.

 

Pasado un rato él pedía más, decía “quiero que disfrutes haciendo conmigo lo que quieras”. Ella pensó que había llegado el momento de disfrutar, él tenía razón. Le montó, se empaló en él mientras se masturbaba buscando su propio placer moviéndose libre y con la intensidad deseada.

 

Era un hombre exquisito. Tenía un cuerpo precioso y un atractivo que la arrastraba sin remedio.

 

Solo quería follar con él. Sentía la necesidad de restregarle su coño, de que la mirase con deseo, de ver como admiraba su cuerpo y cuanto disfrutaba de verla abierta para él, mientras se hundía en su cuerpo una y otra vez.

 

Ella no podía apartar su mirada, se ponía tremendamente cachonda viendo como todo aquello sucedía sin perder detalle, miraba y miraba. Le parecía tan bonito verlo hundirse al tiempo que lo sentía…

 

Andaba ya un buen rato sacudiendo sus caderas con fuerza, buscando un placer inmenso que los abatiese a ambos, cuando decidió mojar su dedo corazón, bien empapado en saliva, y rodearle el ano, sin dejar de tocarse. Siguió follando, masturbando y acariciando la entrada de su ano un buen rato, ninguno quería que aquello terminase, no el nivel de disfrute que estaban sintiendo, hasta que ambos se corrieron, gimiendo como locos, del placer que aquel juego tan morboso les había aportado no sin antes destaparle los ojos, para que la viese. Lo de soltarle las manos se lo reservó para que ningún gesto pudiese cambiar el desenlace.

 

Hedoné