Una cita en Barcelona ... relato de jorgeducati

Una cita en Barcelona … relato de jorgeducati

Relatos eróticos

 

De nuevo un par de días en Barcelona por trabajo y placer… y de nuevo en vez de mandar a un empleado voy Yo. Mis empleados andan con la mosca detrás de la oreja con tanto viaje a Cataluña, si ellos supieran entenderían mis ausencias. Durante el viaje desde Madrid voy escribiendo a las futuras citas. Tarea de pico y pala, follando su mente y despertando más y más curiosidad en que me conozcan.

 

Llego ya a la Ciudad Condal y me quito el trabajo lo más rápido posible para irme a mi hotel de confianza, darme una ducha rápida y afeitarme barba y cabeza. Me gusta que me vean pulcro y oliendo bien con mi perfume fetiche, ese que les vuelve locas y que no sé qué cojones tendrá. Antes de salir de la habitación extiendo sobre la mesa algo de “artillería bdsmera“… Siempre con actitud positiva porque nunca se sabe que deparará la noche. Según salgo del hotel, reservo mesa en uno de mis japos preferidos. Son recetas originales y que siempre sorprenden.

Tengo una cita a las 20:30. Nuria.

Siempre escribo alguna descripción en el contacto. El suyo: “Le parece estupendo mi perfil. Quiere probar Guapita Boca bonita Alta Cuerpo ha probado muy poco pero le encanta…”.

 

Nuria me escribe un WhatsApp que tiene que pasear a los Chuchos y que por favor le de media hora más de margen. Claro que le digo que no se preocupe, que le espero en la salida del metro Plaza Molina.  Bajando por la calle Balmes me voy encontrando varias chicas atractivas. No sé porqué pero en Barcelona la imaginación me va a mil… Y sí, con cada chica que me cruzo me voy poniendo más y más cachondo con mi cita, con más ganas de ver a Nuria. Con su último mensaje me rayo!!!! Ha cambiado la foto de perfil por otra y ya no es aquel pibón con cara de cachonda que conocía en la Web. !!!!Joder, qué hago yo ahora y sin plan B!!!! No puedo cambiar, soy leal y así seguiré siempre. Si quedo con alguien no me hecho para atrás. Siempre positivo y en el peor de los casos disfruto del sushi… Le espero en la salida del metro Plaza Molina, con esa extraña excitación que me pasa en este tipo de citas. Llevo ya muchas pero aún así siempre me viene esa sensación. Es una adrenalina que necesito. Recibo otros mensajes y me vuelvo a rayar más. Me dice que lo mismo no le reconozco cerca del metro porque las fotos que yo conozco no son de ella…  Cabrona pienso !! Recibo otro mensaje diciendo que es broma, que si es la de la foto, pero yo sigo igual de rayado y con la misma duda, la de la chica atractiva que conozco o la chica ni fu ni fa de la foto de perfil. Me gustan mucho las chicas que vacilan y desprenden ironía así que vamos a ser optimista, siempre lo soy. En la espera me acerco a un bar con muy buena pinta de raciones típicas de la zona. Soy muy foodie y me pierde la curiosidad en probar cosas nuevas  y descubrir platos increíbles. Pienso sobre la marcha que es mejor tomar algo rapidito en ese bar y hacer tiempo antes de ir al japonés y si la cosa no cuadra me despido de ella muy educadamente a la media hora. Recibo otro mensaje. Me dice que lleva un jersey rosa y pantalón negro, y le busco a lo lejos hasta que le veo al otro lado de la calle. La silueta me gusta. Es alta y delgada, cuerpazo, más alta que yo y eso me pone. Le llamo y le digo que estoy al otro lado de la carretera y le hago señas para que cruce y venga a mi. Que se vaya acostumbrando a venir a mi…

 

Se acerca levantando y bajando la cabeza al suelo, avergonzada y a la vez con curiosidad y buscando mis ojos. Me provoca intriga. Sigo en el mismo sitio dejando que se acerque a mi. Según le doy el segundo beso pienso; !!!Qué hija de puta!!! ¡¡¡Esta buenísima!!! Se ha puesto la foto de perfil en la que no sale muy agraciada seguro que con alguna intención, tal vez ponerme a prueba y eso me gusta. Me gusta que le guste el juego y me va sorprendiendo… Sabe que es atractiva y segura. Nos damos esos dos besos, nos miramos y sonreímos, y le pregunto inmediatamente por sus Chuchos. Me gusta saber que dedica parte de su tiempo a los animales así que no pasa nada por haber llegado con un poco de retraso. A mí también me gustan los perros. Le digo que vayamos al bar que acababa de ver para tomar algo antes de ir al japonés. No le pregunto, directamente actúo. Y ella accede dejándose llevar. Empujo la puerta del bar y le cedo el paso llevándole por la cintura. Pregunto al camarero por una mesa para dos para tomar algo ligero. Nos sentamos al fondo y dejo que ella elija su sitio, después me siento yo. Dejo que ella elija primero su bebida. Elige cerveza, bien, es de las mías. Yo un vino blanco a elección del camarero. Te tengo ya enfrente y lo primero que me llama la atención son tus ojazos verdes, grandes. Busco una pupila dilatada que me mande señales. Una boca sonriente, apetecible y con una dentadura perfecta como hacía tiempo no veía. La boca es una de mis fijaciones, la segunda es el clítoris, que le voy hacer, a cada uno le da por algo. Empieza a fluir la conversación, temas banales y la verdad es que no le presto mucha atención a lo que dice pero si a como lo dice. Nuestras conversaciones previas por mensajes siempre fluían, hablando de gustos sexuales y BDSM sin ningún tipo de tabú. Siempre con respeto y bajo una premisa; “no hagas nada que no quieras”. Antes de empezar cada frase suelta ; “emm”… expresión típica de los que piensan en otro idioma. Me gusta !! , pues denota que ha vivido en varias ciudades y le hace más interesante. Esquiva la mirada a los lados pero sin agacharla. Yo,  en cambio, si busco sus ojos, sus ojazos verdes que de momento no me miran. Pasados unos minutos se quita su jersey rosita, ese color que llevan las niñas buenas y virginales, esas que van de Babygirls y luego son unas pervertidas cuando están de rodillas… En su jersey lleva escrito en el pecho ZEN. ¿Querrá decirme algo al haber traído ese jersey? Lo pienso mientras ella me habla pero no le pregunto por su ZEN. Pasa media hora y me parecen tres minutos. Le digo que nos vamos ya al japonés y me sonríe encantada, apresurada! Veo en su mirada curiosidad por saber si habré elegido bien el sitio para la primera cita.

 

El japo está cerca, a cinco minutos andando en el barrio de Gracia. Como buen Aries que soy me gusta el riesgo . A 100 m del restaurante vive Patricia, una chica angelical, pura bondad, que conocí hace siete meses en la misma aplicación infernal que Nuria y a la que inicie en el BDSM y visto como día a día se iba pervirtiendo más y más, hasta llegar a sorprenderme. Según nos vamos acercando al japonés voy cruzando los dedos para no encontrarme de bruces con Patricia.  Sería una situación tensa y no creo que le haga mucha gracia el estar en Barcelona y no haberle elegido a ella esa noche… Llegamos a la puerta y tomo decidido a Nuria por la cintura, con fuerza  y entramos a la vez. Lo primero que hago es mirar a izquierda y derecha por si Patricia, por casualidad, está allí cenando ya que hace unos meses también cenamos los dos allí y le encantó. El camarero nos pregunta qué mesa preferimos y soy yo, rápido, el que pido la del fondo, aunque me da igual que haya dos chicas en la mesa de al lado. Es más, prefiero que oigan nuestra conversación y escandalizarlas. Me gusta provocar.

 

Nuria me transmite confianza y le cuento lo de mi amiga que vive justo a 100 m de donde estamos. Pone cara de asombro pero me sonríe con curiosidad y creo que agradeciendo mi sinceridad. Soy directo y transparente,  aún a riesgo de que no guste lo que le digo. El maître nos atiende muy bien y nos aconseja algunos platos. Le pregunto por uno en concreto; niguiris de vieira con foie. Sigue fluyendo la conversación. Nos trae los niguiris y rápidamente se mete uno en la boca. Me encanta ver como disfruta de la comida. Al saborear el bocado pone los ojos en blanco, literalmente en blanco, e instintivamente, imagino esos ojos mientras la follo… Y sigue la conversación. Siguen las risas, las miradas cómplices y se detiene para decirme que quiere abrirse y contarme algo que sabe muy poca gente. No le pregunto el qué. Me da igual su vida privada, no me interesa. Jamás me intereso por ciertos temas de la vida privada de las chicas que conozco. Solo me interesa el aquí y ahora conmigo. Vivir el momento. Estamos hablando de temas sexuales y me dice que ha encontrado un trabajo. Lógicamente intuyo relacionado con sexo. No soy yo el que se lo va a preguntar. Imagino lo que es pero quiero que sea ella la que me lo diga. Me dice que ha tenido que hacer de scort. Yo no pago por sexo, no lo necesito, pero no se lo digo y tampoco soy nadie para juzgar. Respeto mucho a la gente que paga y que cobra. Open mind !!! Me lo dice seguramente para ver mi reacción, porque en otros chicos si ha notado rechazo y desencanto al decirlo. En mi no me lo ve por qué no juzgo la vida privada de la gente. No le doy la más mínima importancia y seguimos hablando y noto que a ella le gusta que no le haya preguntado sobre el tema. Le desconcierta mi indiferencia. Me cuenta que ha tenido algún escarceo en el BDSM, pero nada serio, que quiere experimentar más y por eso me quiere conocer. Quiere contarme sus gustos y fantasías pero no le dejo, no quiero saber nada, prefiero siempre ir descubriendo. Ella también me pregunta por cosas en concreto sobre mi manera de practicarlo pero yo no suelo ser muy explícito. Prefiero dejar con esa curiosidad de las primeras veces.

 

Nos quedamos con hambre de más y pedimos otro plato sublime de vieiras. Son cuatro y vienen en una hoja grande. Nos tomamos las piezas y en la hoja queda un líquido/salsa delicioso con una textura que me recuerda al semen. Cojo esa hoja, la enrollo con la salsa dentro y le digo con tono serio y sin titubear que abra la boca. Y allí está Ella, a la vista de todos los comensales. Con la boca abierta y pidiendo la salsa. Subo la hoja 10 cms de su abierta boca y, muy lentamente, derramo la salsa sobre su lengua. Me asomo dentro de su boca. Veo cómo recoge el fluido como si fuera la mejor de mis corridas. Hace un cuenco con la lengua para saborearla, cierra los ojos, lo traga y se muerde el labio inferior. Me pone mucho, muchísimo.

 

Dejo la hoja en el plato. Le agarro fuerte el pelo, su bonita melena, por detrás de la cabeza y con la otra mano le presiono fuerte el cuello, besándola. Allí estamos en la mesa, a la vista de todos, ella sentada y yo de pie besándola. Le digo en un tono brusco y decidido que saque la lengua. Le escupo en ella y suelta una leve risa. Hay gente que nos ha oído pero nos da igual. Sólo estamos ella y yo viviendo ese momento. Detenido el mundo. Le digo nuevamente que saque la lengua y vuelvo a escupirle. Otra vez suelta esa pequeña risa entre picardía y vergüenza. Seguimos besándonos. La tercera vez ya no suelta esa risa y directamente traga mi saliva. Sonríe mordiéndose el labio, pidiendo más. Definitivamente sé que los dos queremos jugar. Le digo que no, que hoy no, y me pregunta que por qué no hoy. No lo entiende. Es difícil entender que a una tía que está tan buena ose alguien a decirle que no esa noche. Le explico que a mí no me va lo que entiende la gente por sexo convencional… Le explico que con confianza sale todo mejor, que más adelante, que la espera nos creará adicción. Lo entiende, y me hace un gesto de aprobación y complicidad con esa mirada que tanto me gusta y que tanto busco entre niña buena y pervertida, mordiéndose el labio de nuevo. Seguimos hablando y le digo que quiero verla, pero que no vuelvo a subir a Barcelona en un tiempo. Le sorprendo diciéndole que le consigo un billete de ave para dentro de dos findes. Lo primero que hace es irse rápido al móvil para ver su calendario y para abrir la app esa del ciclo menstrual que tienen muchas chicas… y me dice sonriendo; “Genial, si puedo, no tengo la regla” !!!!

 

Nos traen los postres con dos cucharas de madera, de unos 15 cm y le digo que nos las vamos a llevar de recuerdo y que quiero que la suya la use esta misma noche en cuanto llegue a casa. Ella entiende a la primera el porqué sin tenerle que decir lo que debe hacer. Me encanta ir descubriendo su grado de perversión. Salimos del japo y le acompaño abrazados hasta el metro. Nos besamos por última vez y según se adentraba en el andén se gira sonriendo y me lanza un beso. Ya en el hotel recibo un mensaje de Nuria. Es una foto de la cuchara de madera puesta sobre su recién rasurado y bonito coño. Puta foto!! Tapa adrede su clítoris, haciéndome rabiar porque le conté mi especial predilección… Esta te la guardo… A los cinco minutos recibo un vídeo . Es Nuria masturbándose con su cucharita y jugando con su precioso clítoris. Le agradezco el regalo y le deseo buenas noches.

Nos veremos y jugaremos muy pronto…